matemáticas en el curso 2010-2011



"Si la gente no piensa que las matemáticas son simples, es solo porque no se dan cuenta de lo complicada que es la vida." John Von Neumann


Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humor. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de febrero de 2011

SAN VALENTÍN

EL AMOR

En cierto libro de matemáticas, un cociente se enamoró de una incógnita. Él (cociente), producto de una familia de importantísimos polinomios. Ella, una simple incógnita, de mezquina ecuación literal ¡oh! ¡Qué tremenda desigualdad! Pero como todos saben, el amor no tiene límites y va del más infinito al menos infinito.

Embargado, el cociente la contempló desde el vértice hasta la base, bajo todos los ángulos, agudos y obtusos. Era linda, una figura impar que se evidenciaba por: mirada romboidal, boca trapezoidal y senos esféricos en un cuerpo cilíndrico de líneas sinusoidales.

¿Quién eres? preguntó el cociente con una mirada radical. Soy la raíz cuadrada de la suma de los cuadrados de los catetos.

Pero puedes llamarme hipotenusa - contestó ella con expresión algebraica de quien ama.

Él hizo de su vida una paralela a la de ella, hasta que se encontraron en el infinito. Y se amaron hasta el cuadrado de la velocidad de la luz, dejando al sabor del momento y de la pasión, rectas y curvas en los jardines de la cuarta dimensión.

Él la amaba y el recíproco era verdadero. Se adoraban con las mismas razones y proporciones en un intervalo abierto de la vida.

Luego de tres cuadrantes, resolvieron casarse.

Trazaron planes para el futuro y todos les desearon felicidad integral. Los padrinos fueron el vector y la bisectriz.

Todo marchaba sobre ejes. El amor crecía en progresión geométrica. Cuando ella estaba en sus coordenadas positivas, concibió un par: al varón, en homenaje al padrino lo bautizaron versor; la niña, una linda abscisa. Ella fue objeto de dos operaciones.

Eran felices, hasta que un día todo se volvió una constante.

Fue así que apareció otro. Sí, otro. El máximo común divisor, un frecuentador de círculos viciosos. Lo mínimo que el máximo ofreció fue de una magnitud absoluta.

Ella se sintió impropia, pero amaba al máximo. Al saber de esta regla de tres, el cociente la llamó fracción ordinaria.

Sintiéndose un denominador común, resolvió aplicar la solución trivial: un punto de discontinuidad en sus vidas. Cuando los dos amantes estaban en coloquio, él, en términos menores y ella en combinación lineal, llegó el cociente y en un giro sin límites disparó su 45.

Ella pasó al espacio imaginativo y él fue a pasar a un intervalo cerrado, donde la luz solar se veía a través de pequeñas mallas cuadradas.

Autor anónimo

jueves, 11 de noviembre de 2010

LA MOSCA EUSEBIA (4º)


Al salir de su oficina de Valencia, María suele tomar el tren que llega a las 19 horas a la estación próxima a su domicilio. Su esposo va a buscarla en su coche para llevarla a casa, siempre conduce a la misma velocidad y llega a la estación a las 19 en punto. Un día María llega una hora antes de lo acostumbrado y decide ir a pie para encontrar a su marido en el trayecto.

Ambos tienen como mascota una mosca domesticada, Eusebia. Cuando el marido de María pone en marcha el coche, Eusebia- que vuela a 60 kilómetros por hora- se adelanta para llegar a la estación. Aquel día Eusebia está desconcertada porque encuentra en el camino a María. Inmediatamente da media vuelta y vuela hasta el parabrisas del automóvil de su amo; de allí otra media vuelta y vuela hasta María. Y así continúa volando hasta que se produce el encuentro 15 minutos más tarde, cuando exhausta decide posarse en el salpicadero del coche y hacer el viaje de vuelta con sus amos. ¿Cuántos kilómetros vuela la mosca en total?

lunes, 8 de noviembre de 2010